Columnas 43 Alejandro Burgos noviembre 5, 2025
Honduras, como buena parte de América Latina, nació como un proyecto ajeno. Desde el inicio, nuestra historia fue escrita en una lengua impuesta, bajo símbolos y valores que no surgieron de nosotros. Nuestra existencia, desde la conquista hasta la modernidad, ha sido el reflejo de las voluntades de otros.
Decimos tener identidad, pero ¿qué tan propia es? Hablamos de patria, de cultura, de orgullo nacional, pero muchas veces repetimos ideas que no nacieron aquí. Desde los ideales coloniales hasta la mentalidad norteamericana que hoy moldea nuestra forma de pensar, vestir y soñar, seguimos viviendo bajo la sombra de lo ajeno.
Incluso nuestros intentos de cambio —revoluciones, proyectos políticos o intelectuales— casi siempre se han hecho mirando hacia afuera. Hemos imitado ideologías extranjeras creyéndolas nuestras. Y en ese espejo distorsionado, a veces olvidamos quiénes somos realmente.
El filósofo Enrique Dussel decía que la verdadera liberación no comienza con la independencia política, sino con la descolonización del ser: cuando dejamos de pensarnos como reflejo y empezamos a reconocernos como centro. Mientras sigamos midiendo nuestro valor con los parámetros del norte, seguiremos siendo periferia, incluso dentro de nuestra propia tierra.
Esa colonización del alma nos enseñó a desconfiar de lo nuestro, a sentir vergüenza de nuestras raíces indígenas y afrodescendientes, a creer que lo extranjero siempre es mejor. Pero esa fractura —esa “conciencia escindida” de la que hablaba Dussel— empieza poco a poco a cerrarse.
Veo en los jóvenes, en los artistas, en quienes rescatan nuestras lenguas, nuestras comidas y nuestras historias, un intento de volver a empezar. Como pensó Cortázar: algún día América latina logrará forjar su propia identidad de pueblos; y, honestamente, creo que Honduras está en camino de crear una imagen verdaderamente suya.
Y quizá entonces dejaremos de ser la nota al pie de página en la historia de otros para comenzar a escribir la prosa de nuestra propia historia. Espero que las futuras generaciones puedan ver esa Honduras con una identidad genuinamente propia: consciente de sí misma, libre de las sombras y orgullosa de ser quien es.
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Estudiante avanzado de Relaciones Internacionales e investigador emergente en teología política, derecho internacional y ética en las relaciones internacionales. Trabaja en la Cámara de Comercio e Industria de Cortés (CCIC) en el área de desarrollo empresarial y colabora con organizaciones sociales. Interesado en la dimensión moral de la política exterior, combina su formación académica con estudios autodidactas en economía y análisis estratégico.
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