Columnas 1 Dicson Flores agosto 16, 2026
Existe una pregunta que muchos de nosotros nos hemos hecho en algún punto de nuestras vidas: ¿De qué sirve creer si nuestra fe no cambia nuestra realidad?
El apóstol Santiago responde a esa pregunta: «Amados hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no lo demuestra con sus acciones? ¿Puede esa clase de fe salvar a alguien? (Santiago 2:14 NTV)» y luego continua con algo que nos confronta: «Supónganse que ven a un hermano o una hermana que no tiene qué comer ni con qué vestirse y uno de ustedes le dice: «Adiós, que tengas un buen día; abrígate mucho y aliméntate bien», pero no le da ni alimento ni ropa. ¿Para qué le sirve? (Santiago 2:15–16 NTV)» El apóstol Santiago termina diciendo: «Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil. (Santiago 2:17 NTV).» Es una porción de la Biblia que siempre nos confronta pero también nos anima a expresar activamente nuestra fe.
No debemos confundir nuestra fe con un sentimiento o una emoción ya que no son nada parecidos. En ocasiones es fácil asumir que nuestra relación con Dios y nuestra espiritualidad son algo que debemos vivir en privado y de cierta manera así es pero nuestra relación con Dios no se limita a un momento de oración, una reunión o un versículo favorito. El apóstol Santiago no habla de dos caminos diferentes como si tuviéramos que elegir entre tener fe o hacer obras, en realidad nos enseña que nuestra fe se expresa de diferentes maneras, en lo privado y con nuestra comunidad de fe, pero también lo hace con nuestros amigos y vecinos. La fe que no se mueve, que no toca la necesidad del otro, que no se incomoda lo suficiente como para actuar, no es de la fe de la que habla Santiago. Es una fe de palabras, no de hechos.
Creo que al hablar de este tema es muy común recordar las palabras del apóstol Pablo a los Efesios: «no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:9 RVR60).» Debemos recordar que nuestra espiritualidad no se mide solo por cuánto conocemos de la Biblia o cuánto sentimos cuando vamos a la iglesia. Sino que se mide también por lo que nuestras convicciones producen en nosotros cuando enfrentamos dificultades y cuando tenemos la oportunidad de involucrarnos en las necesidades de los demás. Tus acciones deben demostrar la firmeza de tu convicción.
Nuestra fe acompañada con obras no necesita ser tan grande para ser real. Nuestra fe también se ve reflejada en los pequeños actos de amor que realizamos por los demás, como compartir con alguien que tiene menos que vos, ayudar a los necesitados o defender a los indefensos. Cada acción por pequeña que parezca genera un efecto expansivo que contagia a los demás y es ahí en donde nos convertimos en una generación de jóvenes con una fe genuina que sí transforma su entorno, que sí cambia su realidad y que sí puede tener esperanza para ver un futuro mejor.
El mensaje sanador que quiero que escuches es que: el apóstol Santiago no dice que debemos sentir más, orar más o convencer más a otros de nuestra fe. Dice que debemos vivir sin miedo de expresar nuestra fe a través de acciones. Debemos actuar porque cuando lo hacemos desde una fe real que no trata de ganar nada de Dios sino que busca compartir su mensaje de consuelo y compasión es cuando verdaderamente nos convertimos en agentes de cambio y dejamos de ser “un grupito más de la iglesia”.
La pregunta que nos deja el apóstol Santiago no es «¿qué tan espiritual sos?», sino «¿Cómo expresas tu fe dentro de tu comunidad?». Porque una fe que no se ve reflejada en acciones, tarde o temprano, deja de ser fe.
«[…] Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras» (Santiago 2:18).”
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Sobre el autor call_made
Licenciado en Mercadotecnia, desempeñándose como Diseñador Gráfico con más de 4 años de experiencia creando contenido visual que transmite, conecta y genera resultados. Es una persona apasionada por la escritura, la lectura y la expresión creativa. A lo largo de su trayectoria ha participado en proyectos enfocados en el bienestar comunitario. Cree firmemente en el poder transformador la Palabra de Dios al mismo tiempo que promueve una vida basada en perseverancia animando a las personas a no darse por vencidas y así poder alcanzar sus metas.
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