Columnas 1 Ricardo Salgado mayo 15, 2026
Nos venden el éxito como un destino. Un punto de llegada donde finalmente el miedo cede, el esfuerzo se recompensa y la vida adquiere sentido. Sin embargo, nadie nos dice qué pasa cuando ya llegaste. Que desde la cima, el mundo se siente igual de amenazante. Que el trofeo pesa, pero no arropa. El paradigma moderno de ganar no nos libera, sino que nos convierte en esclavos de nosotros mismos. A diferencia de épocas anteriores, donde la explotación venía de un amo externo, hoy vivimos en una autoexplotación voluntaria bajo la premisa de “¡Vos podés!”.
Todo esto tampoco es una defensa de las ventajas heredadas. Es una pregunta incómoda que pocos se atreven a hacer a los veinte años: ¿qué tipo de éxito estamos persiguiendo y a qué costo?Existe una narrativa dominante entre jóvenes, en especial de nuestra región, que glorifica el esfuerzo sin límites como virtud moral. Trabajar más horas, dormir menos, sacrificar la salud mental, desconectarse del ocio y las relaciones. “Echale ganas” es la respuesta estándar a cualquier queja sobre las condiciones estructurales del sistema.
El problema no es el esfuerzo en sí. El problema es que el echaleganismo convierte las fallas sistémicas en fracasos personales. Si no llegaste, es porque no quisiste lo suficiente. Si no pudiste pagar la universidad, es porque no te esforzaste lo suficiente para encontrar una beca. Esta narrativa, además de ser crueldad disfrazada de motivación, es científicamente insostenible. Cuanto más competimos desde el miedo, más se instala en nuestro sistema nervioso un estado de amenaza permanente. No es metáfora: es fisiología. El estrés crónico asociado a la hipercompetencia altera el sistema inmunológico, deteriora la memoria y nos instala en un ciclo de desconfianza donde el otro siempre es un rival, nunca un aliado. El neurocientífico Stephen Porges lo documenta con claridad en su teoría polivagal: los humanos evolucionamos para corregularnos con otros, no para competir en soledad.
Pero sería deshonesto quedarse sólo en la crítica al echaleganismo sin mirar el otro extremo. La idea de que nacer con ventajas resuelve la ecuación del bienestar es igualmente falsa. Los estudios sobre bienestar subjetivo son consistentes: más allá de cierto umbral de ingresos, el dinero adicional contribuye cada vez menos a la satisfacción de vida. Las familias con acceso histórico a capital tampoco están exentas de la ansiedad competitiva; muchas veces la intensifican, porque tienen más que perder. La presión de mantener el apellido puede ser tan devastadora como la presión de salir del barrio. El problema entonces no es vivir en una “sociedad del cansancio” como dicta Byung-Chul Han o en la vida como un “objeto de deseo” según Žižek; es una delgada pero importante línea entre nuestro privilegio, actitud y circunstancias que nos permita salir. El privilegio amplía los márgenes de error. Es real y no debe minimizarse. Pero no compra la paz interior que muchos jóvenes proyectan desde afuera hacia quienes nacieron con más.
El problema de fondo no es trabajar duro ni nacer con ventajas. Es confundir la acumulación – logros, dinero, credenciales – con seguridad. Cuando corremos para sentirnos seguros, nunca llegamos a sentirnos seguros. La seguridad no es un punto de llegada: es una sensación que se construye en relaciones de confianza, en conexión genuina, en pertenecer a algo más grande que nuestro propio rendimiento.
La inquietud del éxito es real. La sentimos a los 18 cuando no sabemos si estudiar o trabajar. A los 25 cuando comparamos logros con desconocidos en redes sociales. A los 30 cuando alcanzamos lo que queríamos y nos preguntamos por qué no se siente como pensábamos. Ni el esfuerzo sin estructura justa, ni la herencia sin mérito propio, nos dan la vida que buscamos. Lo que de verdad queremos no es el éxito que se impone sobre los demás: es una vida donde nos sintamos seguros siendo quienes somos y hagamos en plenitud según la dignidad humana.
La pregunta que vale la pena hacerse no es “¿cuánto puedo lograr?”, sino “¿a quién impacto en el camino?”.
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liderazgo resiliencia solidaridad
Sobre el autor call_made
Internacionalista, con experiencia académica en Economía y Ciencias Políticas. Desarrollo profesional desde el Servicio Diplomático y Consular, Docencia, Gestión de Proyectos en Administración Pública, Gobernanza, Migración, Cambio Climático y Desarrollo Sostenible, entre otros.
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