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La juventud no es el futuro de Honduras: es el presente

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Existe una frase que repetimos y escuchamos tanto que casi no la cuestionamos: “los jóvenes son el futuro del país”. Suena bonita, suena esperanzadora y a la misma vez suena a un peso muy grande en nuestro hombros en el futuro. Pero si la analizamos con cuidado hay algo muy incómodo dentro de ella: nos pone en espera. Nos dice de forma indirecta que todavía no es nuestro turno, que cuando seamos adultos, que cuando tengamos más experiencia, cuando “nos toque”, que hasta entonces vamos a poder opinar y decidir. Mientras tanto, observamos.

El problema es que nuestro país no puede esperar a que la juventud “madure” para empezar a escuchar lo que tenemos que decir. Las decisiones sobre educación, ambiente, salud, empleo y desarrollo del país se están tomando hoy, y estos son los pilares fundamentales de cualquier país, tenemos que ser conscientes que estas decisiones nos afectan directamente hoy, no en un hipotético futuro. Si la juventud solo participa como espectadora de esos procesos entonces estamos siendo formados como ciudadanos pasivos en lugar de ciudadanos críticos. Un país que entrena a su juventud para observar en silencio, después no puede sorprenderse cuando estos mismos jóvenes, ya adultos no sepan cómo participar.

Aunque esta situación sí es preocupante la buena noticia es que eso ya está cambiando, aunque todavía de forma insuficiente. Existen espacios estudiantiles y universitarios donde estudiantes asumen responsabilidades reales, donde organizan, representan, defienden derechos, fiscalizan procesos y donde se construyen propuestas para un bien común de todos los jóvenes que actualmente son parte de las universidades públicas del país. Estos no son espacios decorativos ni simbolicos. Son espacios donde se aprende, en la práctica, lo que significa tomar decisiones importantes y con peso que podrían afectar a otros para bien o mal. Ahi un estudiante deja de ser solamente un espectador de las situaciones del país y empieza a ser responsable de procesos: de una negociación, de una propuesta, de una gestión que puede empeorar la vida de cientos compañeros y ahí es cuando se entiende el peso y la importancia del papel que podemos tomar los jóvenes como agentes de cambio siendo ciudadanos críticos y activos dentro de la sociedad.

Esto no importa no solo por lo que se logra en el momento, si no por que se siembra a futuro.

Quien aprende a organizarse, a dialogar con autoridades, a defender una posición con argumentos, a asumir la responsabilidad de representar a otros dentro de la universidad, está desarrollando exactamente las herramientas que el país necesita en sus futuros tomadores de decisiones. Los espacios estudiantiles funcionan como semilleros, ahí se forman las personas que, más adelante van a dirigir instituciones, liderar comunidades o representar al país en espacios todavía más grandes. Por eso no es un detalle menor lo que pasa en una asamblea estudiantil o en una federación universitaria. Es literalmente el lugar donde se está formando buena parte del liderazgo que Honduras va a necesitar en los próximos años.

Pero para que esto funcione, tenemos que hacer un cambio de mentalidad en dos direcciones. Las instituciones educativas y quienes toman decisiones sobre la juventud tienen que dejar de ver la participación estudiantil como un trámite o una formalidad, y empezar a tratarla como lo que realmente es: un espacio legítimo de decisión. Y al mismo tiempo, los jóvenes tenemos que dejar de conformarnos con el rol de espectadores cómodos. Hay una metáfora sencilla que lo explica mejor que cualquier discurso: cuando el cerdo y la gallina decidieron abrir un restaurante de huevos con jamón, la gallina estaba involucrada, pero el cerdo estaba comprometido. Porque ella ponía los huevos y seguía con su vida, pero él perdió todo lo que tenía. Quejarse sin organizarse es ponerse del lado de la gallina. La participación real exige tiempo, responsabilidad y compromiso, no solo opinión desde afuera.

No se trata de pedir permiso para ser escuchados algún día. Se trata de reconocer que hay jóvenes ocupando espacios de decisión, formándose como líderes y que ese proceso necesita fortalecerse, no esperar. La pregunta debería ser porque seguimos actuando como si no estuviera pasando ya, y debido a que los jóvenes no se comprometen con estas iniciativas?

Honduras no necesita esperar a que los jóvenes de hoy se conviertan en adultos para empezar a beneficiarse de su capacidad de decidir. Necesita confiar más en los espacios donde esa capacidad ya se está formando y abrir más oportunidades para que esa formación se traduzca en participación real. La juventud no es una promesa para más adelante. Es una fuerza que ya está actuando, decidiendo y construyendo, aquí y ahora.

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