Columnas 2 Hassive Nazar agosto 6, 2026
Por naturaleza, según la ciencia, somos seres compuestos por átomos, órganos y tejidos. Pero creo que nuestra existencia va mucho más allá de la materia. En realidad, pienso que somos de arcilla. No porque estemos hechos de barro, sino porque pocas cosas dentro de nosotros permanecen completamente terminadas. Nuestra identidad cambia, nuestros sueños evolucionan y nuestra forma de ver el mundo se transforma con cada experiencia. Somos una obra que nunca deja de moldearse.
Desde pequeños comenzamos a darle forma a nuestra existencia. Construimos una idea de nuestra vida desde la inocencia y la libertad de imaginar que todo era posible. Sin embargo, con el paso de los años, esa arcilla empieza a recibir nuevas formas: las expectativas, los miedos, las comparaciones y las ideas que otros construyen sobre lo que deberíamos ser comienzan a ejercer presión sobre nosotros.
Sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos qué queremos crear con nuestra vida y empezamos a preguntarnos quiénes somos realmente. El «yo voy a ser» se transforma en «¿quién soy?». El «quiero lograr esto» comienza a convertirse en «¿realmente esto es lo que quiero?». La certeza empieza a llenarse de preguntas.
«No sé qué hacer con mi vida». «¿Qué va a ser de mí en unos años?». «Esto no es lo que quiero hacer el resto de mi vida». Son preguntas que muchas personas se han hecho alguna vez. Preguntas que también han atormentado mi mente. Pero quizá el problema no es que no tengamos un propósito. Quizá el problema es que hemos pasado demasiado tiempo intentando construir una vida con una arcilla que otros moldearon por nosotros, o viendo obras ajenas sin darnos cuenta de que cada persona es una pieza distinta.
Nuestro propósito comienza con la conciencia y con el hacer.
Comienza cuando decidimos conocernos realmente, cuando tenemos el valor de mirarnos sin las formas que otros intentaron imponer sobre nosotros y descubrimos partes de nosotros mismos que sólo aparecen cuando dejamos de pensar tanto y empezamos a experimentar. El propósito no es visible para un cuerpo que ama la inercia, ni para un alma que voluntariamente decide ignorar su propia esencia.
El escultor descubre la forma mientras trabaja la arcilla. Mientras creemos que estamos construyendo nuestra vida, en realidad también estamos construyéndonos a nosotros mismos. La escultura y el escultor nunca fueron dos cosas separadas. El propósito no es una obra terminada esperando ser encontrada al final del camino, sino que el camino mismo termina convirtiéndose en la razón de existir, más que la búsqueda de una obra perfecta y terminada.
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Sobre el autor call_made
Licenciada en Mercadotecnia y Negocios Internacionales con trayectoria en comunicación estratégica y gestión logística. Es una persona apasionada por el servicio social y amante de la práctica de diversos deportes, integrando la disciplina física como parte de su formación integral. Asimismo, se desempeña como promotora de iniciativas de liderazgo a través de organizaciones internacionales con presencia a nivel nacional, orientando su labor al fortalecimiento de competencias y al desarrollo positivo de la comunidad.
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