Columnas 8 Stephany Nicolle Cuéllar octubre 5, 2026
Muchas personas imaginan la lectura como algo silencioso y solitario: una persona, un libro y el resto del mundo desvaneciéndose alrededor. Durante mucho tiempo, esa ha sido la imagen de lo que se supone que es leer. Pero mientras más leo, más convencida estoy de que la lectura nunca termina en la última página. Leer es, sobre todo, una forma de compartir.
Compartimos ideas, emociones, preguntas e incluso partes de nosotros mismos. Un libro se convierte en una conversación cuando hablamos de él, cuando subrayamos una frase que nos cambió, cuando recomendamos una historia o cuando escribimos sobre algo que permaneció en nuestra mente mucho después de haber terminado de leer. La lectura encuentra su propósito más profundo cuando deja de vivir únicamente en nuestra mente y comienza a vivir también en el corazón de alguien más.
También creo que hay algo especialmente hermoso en leer el mismo libro al mismo tiempo con otra persona. Es uno de los actos de amor más silenciosos y significativos que existen. Incluso cuando están a kilómetros de distancia, ambos caminan por las mismas páginas, conocen a los mismos personajes, se detienen en las mismas frases y llevan la misma historia en el corazón. Se crea una conversación que empieza incluso antes de hablar, una experiencia compartida que dice: “Quiero descubrir esta historia también a través de tus ojos.” A veces, el amor se parece a dos personas sosteniendo el mismo libro y encontrándose entre sus páginas.
Los libros tienen un poder extraordinario: nos permiten vivir vidas que nunca hemos vivido, comprender dolores que nunca hemos experimentado y visitar lugares que quizá jamás conoceremos. Cada historia amplía la manera en que miramos el mundo y también la forma en que nos entendemos a nosotros mismos. Por eso creo que leer no se trata de acumular páginas, sino de cultivar sensibilidad, sabiduría, empatía y carácter.
También es importante preguntarnos qué estamos leyendo. Aquello con lo que alimentamos nuestra mente termina moldeando la forma en que pensamos, hablamos y vivimos.
Elegir libros que fortalezcan nuestro carácter, expandan nuestra imaginación y nos inviten a reflexionar es una de las decisiones más valiosas que podemos tomar.
Hace algún tiempo escuché a Dua Lipa contar una historia que me conmovió profundamente. Muchas personas asumirían que su club de lectura nació en un acogedor café de Londres, rodeada de estanterías y tazas de café. Pero no fue así. Ella contó que la idea surgió mientras leía con mujeres en una prisión. Una de ellas le dijo que desearía haber aprendido a amar la lectura mucho antes en su vida, porque sentía que su historia podría haber tomado un rumbo diferente. Tal vez nunca podamos saber con certeza si habría sido así, pero sus palabras encierran una verdad muy poderosa: la lectura puede abrir puertas incluso cuando parece que todas las demás se han cerrado.
Esa historia me recordó que un libro puede convertirse en una oportunidad. Puede enseñarnos a ponerle nombre a nuestras emociones, cuestionar nuestras decisiones, imaginar un futuro distinto y descubrir que nunca estamos verdaderamente solos.
Cada vez que alguien me dice que no le gusta leer, siempre hago la misma invitación: dale una oportunidad. No todas las personas encuentran el libro indicado en el primer intento. La lectura también es un encuentro, y a veces toma tiempo encontrar la historia que nos abraza, nos desafía o nos transforma. Pero cuando sucede, es difícil volver atrás.
Si alguien me preguntara por dónde empezar, esta sería mi pequeña biblioteca para enamorarse de la lectura:
La lectura nunca ha sido solamente pasar páginas. Es detenerse, imaginar, cuestionar, aprender y luego volver al mundo con algo nuevo para ofrecer. Cada libro deja una huella distinta, y cada conversación sobre un libro multiplica esa huella en alguien más.
Quizá por eso sigo creyendo que leer es uno de los actos más generosos que existen. Un libro puede cambiar una vida, pero compartir ese libro puede tocar muchas más. Una frase puede convertirse en esperanza. Una historia puede convertirse en sanidad. Y una conversación sobre un libro puede transformarse en un recuerdo que nos acompañe para siempre.
Así que, si pudiera dejarte una sola invitación, sería esta: abre un libro. Léelo despacio. Subraya una frase. Compártela con alguien. Lee un libro junto a la persona que amas.
Porque las mejores historias no terminan cuando cerramos un libro; empiezan cuando las compartimos.
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Sobre el autor call_made
Licenciada en Relaciones Internacionales, comprometida con el desarrollo social y la ayuda humanitaria. Cuenta con experiencia en organismos internacionales y lidera iniciativas comunitarias a través de una organización sin fines de lucro enfocada en la educación. Apasionada por el servicio y el impacto social, trabaja para crear oportunidades y fortalecer su comunidad.
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