Columnas 17 Mario S. Carpio octubre 13, 2026
Vivimos en el tiempo del ahora; del ya; del no hay mañana; del hoy. Un presente que es tierra de nadie. Veo a multitudes seguras de promesas que en unos años resultarán ajenas a sus propios deseos. Veo personas adoptando hábitos que jamás habrían asumido en otros contextos. Ante el miedo a la soledad, veo a las personas desviarse de su camino y convertirse en castillos de arena. Visibles, enormes, sólidos, con puertas talladas, esculpidos a gusto y con pasillos por dentro… sin embargo, todavía de arena. Todavía… indefensos ante el mar.
Mientras escribo, me acompaña una leve tristeza, porque recuerdo a personas que ya no están, figuras con las que me encantaría conversar otra vez. Señores de edad que se reconocían en mi mirada, o jóvenes con quienes en su momento compartí el mismo camino. Cotidianidades, en sus diferentes presentaciones y expresiones. Personas que crecen y se vuelven malas. Otras, que se destruyen solas. Muchas, que se abandonan a sí mismas. Todas, buscando un camino.
¿Cuál es el camino?
Es difícil responder cuando unos ojos llenos de esperanza preguntan, o cuando el peso de su confianza busca descanso sobre nuestros hombros. No es fácil dar una respuesta difícil en un mundo de opciones fáciles. Podría citar un versículo o indicar la congregación más próxima, aunque la fe no florece en quien solo la recibe como receta. Podría también recetar unas merecidas vacaciones, recomendar el mejor gimnasio de la ciudad o el restaurante más codiciado. Pero no existe virtud en creer ser, sino en ser lo que uno cree.
A menudo extrañamos características, fuerzas, energías o principios del pasado. Frente a esto, hay personas que se perciben a sí mismas como algo a lo que nunca podrán regresar. Ante sus defectos, amargan su corazón con odio, inseguridad o envidia frente a quienes consideran mejores. Esparciendo su amargura, dañan a los demás y los contagian, pero a solas siempre vuelve la duda…¿cuál es el camino?
Después de mucho tiempo, he llegado a comprender este dolor ajeno. Si bien es cierto que el mundo permanece bajo constante acecho, también mis principios siguen a su disposición. Si bien es cierto que las olas buscan azotar la costa, también mis virtudes me mantendrán en pie. Si bien es cierto que la facilidad acecha en la esquina de cada decisión, mi voluntad levantará aspiraciones que exigen esfuerzo. Y si bien es cierto que las personas no conocen el camino, ahora puedo compartirles cuál es.
El camino somos nosotros.
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Sobre el autor call_made
Ingeniero en Energía Renovable, orientado a proyectos, planificación estratégica, sistemas productivos, sostenibilidad y economía circular. Se desempeña en el sector automotriz y está activamente involucrado en procesos de investigación en la academia hondureña. Su pasión por el servicio está relacionada con la filosofía y el arte, promoviendo ideas que ayuden a transformar puntos clave en la sociedad.
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