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Como nativa digital, tuve la fortuna de estar presente en los primeros años del auge del internet, del nacimiento de las redes sociales como Facebook, YouTube, Instagram, Snapchat entre otras que han quedado en el olvido, de la evolución de los dispositivos electrónicos como los celulares, tablets y computadoras.
Antes éramos más fáciles de impresionar, recuerdo cuando tuve mi primera computadora, estuve obsesionada con ella por alrededor de un año, siempre anhelaba el fin del día escolar para solo llegar a casa y ver los videos que tenía ya descargados porque en ese entonces no había WiFi en mi casa, mi única conexión era un módem al cual le ponía internet solo cuando tenía tarea, y por eso me emocionaba mucho tener tarea.
Cuando me gradué de la universidad no sentí tanta emoción como esperaba, y en parte me sentí mal, porque sé que es el sueño de muchas personas en nuestro país, y yo no me sentía como me «debía» sentir, y no quiero demeritar mi esfuerzo o crecimiento, tal vez es pura autoexigencia.
Para no ir tan lejos, la mayoría de nosotros hemos comprado cosas en línea, y la sensación de felicidad que tenemos a la hora de darle clic a «comprar» es indescriptible, y estamos esos tres días o incluso semanas expectantes por abrir nuestro paquete, pero esa felicidad se esfuma una vez lo abrimos, ¿por qué?, ¿será porque siempre hay algo más nuevo que consumir?
Estamos en un mundo acelerado, todo tiene que ser inmediato, nuestras mentes están enfocadas en el celular, comparando nuestras vidas y físicos con la de otros en redes sociales, sobre consumiendo ya sea productos o contenido, incluso podemos ni siquiera estar presentes para nosotros mismos, mucho menos para nuestros seres queridos por razones externas.
Tal vez le ponemos más valor a lo que consumimos que a lo que vivimos: planear una salida con amigos después de mucho tiempo, salir a comer, ir al cine solo, pasar tiempo con la familia. O simplemente ver el cielo azul, un ave, una ardilla, un gato acicalándose, un perro durmiendo. Tal vez la emoción no desapareció, solo dejó de tener espacio para quedarse.
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